El viejo cuento (parte 1)

El viejo cuento (parte 1)

Los Cuatro Altares es un libro que devela simplificadamente el conocimiento escondido en el mito de los 4 elementos. Logró relacionar la sabiduría encerrada desde hace miles de años en estas filosóficas y poéticas imágenes como son la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire, con los aspectos más importantes de nuestra vida cotidiana.

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Tomar consciencia desde nuestra “raíz”, desde lo más profundo. Así pasamos a revisar nuestra “gratitud” por lo que llamamos nuestra principales relaciones, nuestros abuelos, nuestro padre, trabajo, dinero, creatividad, huella ecológica, miedo, alimentación nuestra madre, emociones, sexualidad, culpa, para llegar al tercer nivel, el centro intelectual, el sagrado misterio de la “comunicación” y su inevitable desenlace en el buen uso o el abuso del poder y la soberbia que es lo que termina corrompiendo y degradando al ser humano.
Sin embargo ya hemos invertido bastante tiempo hablando de lo último y relativamente muy poco hemos hablado de la comunicación, que es el paso previo al poder (a tu propio poder).
El desarrollo del intelecto va de la mano con la necesidad y la capacidad de expresarnos y comunicarnos. (Nada mas cierto que cada uno comunica según su entendimiento). Por eso esta etapa se considera como la más avanzada dentro de la primera parte de nuestra evolución mecánica.
Una vez más el abrazo de la ciencia antigua y la moderna se unen en el entendimiento de lo fractal, para terminar de entender cómo puede haber un intelecto o una inteligencia muy básica, conectada con la materia y que se exprese por ejemplo solo en la capacidad de hacer dinero y desde nuestro primer centro representado por la Tierra rija todos esos procesos. Luego otra inteligencia relacionada con el mundo emocional y finalmente otra que opera desde el tercer centro relacionada con la comunicación.
La mayoría de las personas está acostumbrada a relacionar la cantidad de “verdad” que contiene una información por el impacto que esta crea en los medios de comunicación y en la opinión pública. Triste confusión. Mucha gente anda preocupada por que sus ideas o sus creaciones se “viralicen” y para el día que la verdad se viralice seremos unos cuantos que nos quedaremos sin trabajo.
Esto se debe al poco entendimiento que tenemos del ser humano y sus posibilidades de evolución.
Por un lado nos asumimos como una especie que ha llegado a un “gran desarrollo” y que vivimos en sociedades “civilizadas” en las que la vida de un ser humano vale igual a la de otro y por otro lado nada más siniestro y mentiroso que este sistema altamente jerarquizado que ha logrado que la vida de ciertas personas valgan mucho y la de muchas no valga nada .
Para los supuestos opresores su inteligencia de primer nivel (en este caso la más básica) les llevó a entender que era menester controlar la opinión pública, para que cuando se acerque alguien a desenmascarar el fraude, la masa amaestrada por los medios de comunicación canten en coro la vieja canción: Ese está loco. Pero lo que no saben o no quieren saber –aunque lo intuyen- es que cada vez somos y más personas que estamos despertando y hemos aprendido a jugar el juego de la “legalidad” y de los medios y llegará el día que no podrán tapar el “Sol con el dedo” por más grande que la tengan y la “verdad” saldrá a la luz y el orden natural será quien gobierne y vivamos en un mundo no perfecto pero si más justo, con verdaderas oportunidades para todos. (Qué es esto sino el rezo del universo).
Sin embargo es tan grande la mentira de quienes quieren imponer la jerarquía del dinero como la de quienes quieren imponer la igualdad a sangre y fuego. Ambas son fruto de la más oscura ignorancia.
Si vemos una familia humana, encontramos un padre, una madre, quizá tíos, luego los hijos mayores, los medianos y los pequeños.
Es absurdo pedirle a los pequeños que se comporten como hijos mayores o que los mayores tengan las responsabilidades de los padres. La familia como buena célula sigue leyes y está basada en el amor. En la naturaleza no hay abuso eso es invento del hombre, el orden y las jerarquías no son malas lo malo es el abuso.
Entendiendo esto es más fácil entender que la inmensa mayoría de la humanidad todavía está en una etapa inicial de su desarrollo, atrapada en el instinto de supervivencia, incapaz de entender su mundo emocional y a años luz de poder comunicarse.
Frente a este panorama ¿dónde nos paramos? ¿cómo nos paramos? Con la pizca de inteligencia que tenemos y el ínfimo poder de comunicación podemos ayudar a destrabar todo este mecanismo que condena a más de la mitad de la población mundial a morir ignorando ¿porqué el mundo es tan injusto?
Es obvio que no debería ofendernos reconocer que todavía somos parte de la humanidad que está atravesando todavía el primer nivel o el segundo o el tercero. Así como el hijo menor no se debería resentir por ser el menor y el más mimado. Pero para la gran mayoría esto es inaudito: El viejo cuento que todos somos iguales solo favorece a los que menos iguales se creen.
Continuará…

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